
Fue Enrique IV el que decidió mandar construir esta plaza, cuyo nombre era entonces la Plaza Real. Esta plaza, punto de encuentro de la elegancia, se vio rápidamente rodeada de mansiones de particulares. Su arquitectura, fiel a un equilibrio y una armonía perfectos, no sobrevivirá a la Revolución Francesa. Napoleón la volverá a bautizar como Place des Vosges, al ser los Vosgos el primer departamento francés en pagar sus impuestos. Fueron muchas las celebridades que sucumbieron ante la belleza de esta plaza. Entre ellas figuran el cardenal de Richelieu y los escritores Víctor Hugo, Madame de Sévigné, Alphonse Daudet…





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